Punta Cana, en República Dominicana, se ha consolidado como el destino caribeño predilecto de los turistas argentinos, quienes cada vez llegan en mayor número. Sin embargo, el crecimiento turístico plantea un desafío urgente: cómo proteger los arrecifes de coral y el ecosistema marino que sostienen la belleza natural de la región.
Según datos del Ministerio de Turismo dominicano, en 2025 arribaron 442.088 pasajeros desde Argentina, un 62,3% más que el año anterior, la cifra más alta en seis años. Esto posicionó al país sudamericano como el principal emisor latinoamericano hacia República Dominicana y el tercero del continente, solo detrás de Estados Unidos y Canadá.
El modelo de todo incluido sigue siendo el formato dominante, pero los turistas, especialmente los argentinos, buscan cada vez más actividades fuera de los hoteles. Por ejemplo, el 72% de los argentinos que ingresaron al país en 2025 realizó la excursión a isla Saona, una de las salidas más demandadas y fotografiables del destino.
El impacto del sargazo y la protección de los arrecifes
El sargazo, una macroalga que ha afectado al Caribe en los últimos años, se ha convertido en un problema cotidiano. Cuando llega en grandes cantidades, altera el paisaje, genera mal olor y obliga a realizar operativos de limpieza constantes. Una de las preguntas más frecuentes entre los turistas es si hay sargazo en la playa, y para los países que dependen del turismo, la respuesta es crucial.
Algunas técnicas para retirarlo, como el uso de maquinaria pesada, pueden dañar la arena y el ecosistema costero. Por eso, hoteles como Iberostar han optado por instalar barreras lejos de la costa para contener el alga sin dañar el ambiente marino. El sargazo retenido se procesa y se utiliza como compost para el campo de golf del complejo.
Bajo el agua, los arrecifes de coral son otro punto central de la discusión ambiental. Más allá de ser un atractivo para el snorkel, protegen la costa, reducen el impacto de las olas y sostienen la biodiversidad marina. Sin embargo, están entre los ecosistemas más amenazados del planeta.
Iniciativas de conservación en los hoteles
En ese contexto, algunos complejos hoteleros han comenzado a integrar la sostenibilidad en su operación cotidiana. Iberostar, por ejemplo, impulsa el movimiento global Wave of Change, que empezó con la eliminación de plásticos de un solo uso y se ha expandido hacia la reducción de residuos, la pesca responsable, la neutralidad de carbono y la restauración de ecosistemas costeros.
“Nosotros capacitamos a nuestros huéspedes para que viajen con una huella ecológica más sostenible, garantizando al mismo tiempo su comodidad y bienestar”, explicó Alice Scavarda, room division manager del hotel. La compañía también ha incorporado propuestas de bienestar y alimentación consciente en sus resorts, desafiando la idea de que en un todo incluido no se puede cuidar la salud.
“La sostenibilidad es parte de la inducción”, resumió Natalia Pairo, general manager de Iberostar Selection Bávaro y Coral Selection Bávaro. La idea es que el cuidado ambiental atraviese la operación cotidiana, desde la gestión de residuos hasta los proyectos de restauración de corales.
Uno de los proyectos más visibles es el Coral Lab de Iberostar, un laboratorio frente al mar donde se estudia la adaptación de los corales al cambio climático, se conserva material genético y se reproducen fragmentos para devolverlos al océano. Los fragmentos que se desprenden de manera natural de los arrecifes se resguardan en piletones controlados para incentivar su crecimiento y luego se reintroducen en el fondo marino.
Punta Cana ya no se entiende solo como un destino de descanso. Es también un lugar donde se cruza la demanda creciente de viajeros latinoamericanos con la necesidad de proteger la naturaleza y ser cada vez más responsables con el medio ambiente. El desafío, ahora, es que el paraíso siga estando ahí cuando llegue el próximo vuelo.
