Las remesas enviadas a la República Dominicana se han consolidado como un pilar fundamental para la estabilidad económica del país, especialmente desde el inicio de la pandemia en 2020. De acuerdo con datos del Banco Central, entre ese año y mediados de 2026, los ingresos por este concepto han alcanzado los 67,580.1 millones de dólares, funcionando como un escudo ante los choques externos que han afectado los mercados internacionales.
Históricamente, estos flujos han representado entre el 8.5% y el 11.4% del Producto Interno Bruto (PIB). Sin embargo, su relevancia se ha incrementado notablemente en los últimos años, actuando como un amortiguador que mitiga desequilibrios financieros y contribuye a la estabilidad del tipo de cambio. La volatilidad derivada de problemas logísticos, la crisis energética europea y el conflicto en Ucrania han sido enfrentadas, en parte, gracias a este ingreso de divisas.
Impacto en la balanza de pagos y las reservas
Las remesas han demostrado ser un mecanismo eficaz para financiar el déficit de la balanza comercial, compensando la diferencia entre importaciones y exportaciones. De hecho, casi triplican los montos recibidos por concepto de Inversión Extranjera Directa (IED). Además, han permitido al Banco Central acumular niveles robustos de Reservas Internacionales Netas (RIN), fortaleciendo la solvencia financiera del país frente a acreedores globales y proporcionando un colchón ante eventualidades macroeconómicas.
Según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (Enigh), analizada por el Banco Central, las remesas impactan directamente a cerca del 40% de las familias dominicanas. Estos recursos actúan como un mecanismo de protección social, reduciendo la pobreza monetaria en aproximadamente dos puntos porcentuales. Los hogares destinan estos fondos a necesidades básicas como alimentación, salud, educación y vivienda, lo que también ayuda a mitigar el efecto de la inflación en bienes de consumo diario.
Estabilidad cambiaria y perspectiva futura
Un estudio del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (Intec) señala que las remesas actúan como un subsidio directo al ingreso disponible de los hogares de estratos bajos y medios, donde aproximadamente el 21.1% del presupuesto se destina a alimentación. Este flujo constante de divisas ha contribuido a una notable estabilidad del peso dominicano frente al dólar. Desde 2020, la depreciación acumulada ha sido de entre el 10% y el 14%, con una depreciación promedio anual de apenas un 3%. Incluso, en lo que va de 2026, el peso se ha apreciado un 6.8%, pasando de 63.50 a 59.16 pesos por dólar entre enero y mediados de julio.
El informe “Remesas 2030: cómo profundizar la inclusión financiera de los receptores”, impulsado por Mastercard y CrossTech, destaca que las remesas pueden representar hasta alrededor del 10% del PIB y llegan a cerca de un millón de hogares. Sin embargo, a pesar de la creciente digitalización de estos flujos, más del 60% de los receptores retira los fondos en efectivo poco después de recibirlos, incluso cuando el dinero llega a cuentas o billeteras digitales.
