Para evitar que el crecimiento económico de la República Dominicana se detenga debido a las decisiones de la Reserva Federal (FED) de Estados Unidos, el país debe fortalecer su aparato productivo y no depender exclusivamente de los ciclos financieros de Washington. Ante un entorno global con crédito caro y activos volátiles, la clave para el desarrollo nacional reside en mantener un Estado con capacidad reguladora y promotora, evitando medidas de austeridad que puedan frenar la inversión interna.
El panorama externo, marcado por las recientes políticas de la FED, representa un desafío constante para las economías en desarrollo. Expertos señalan que las subidas de tasas de interés en Estados Unidos suelen generar una desestabilización en países como la República Dominicana, al encarecer el financiamiento y presionar los balances financieros tanto locales como internacionales.
Lecciones de la historia económica
La historia financiera de América Latina ofrece advertencias importantes, como ocurrió en la década de 1980 con el llamado "Efecto Volcker". En aquel entonces, el aumento drástico de las tasas de interés en EE. UU. hizo que el pago de la deuda externa fuera insostenible para muchas naciones, afectando el crecimiento del PIB y la creación de empleos en toda la región.
Asimismo, se analiza cómo los mecanismos de endeudamiento externo han sido utilizados en ocasiones para imponer políticas de desregulación y austeridad fiscal que, lejos de ayudar, han resultado en décadas de bajo crecimiento y una caída en la productividad de los países latinoamericanos.
Propuestas para la estabilidad dominicana
Existen dos enfoques principales para enfrentar esta realidad. Por un lado, la necesidad de una gestión defensiva de las Reservas Internacionales Netas (RIN) mediante el uso de herramientas técnicas que permitan a los bancos centrales anticipar las tendencias de los mercados estadounidenses. Por otro lado, la importancia de una visión estructural que priorice la inversión productiva sobre la mera especulación financiera.
Para la República Dominicana, la recomendación estratégica es clara: proteger la industria y los sectores clave de la economía real. Esto implica que la política económica debe enfocarse en mejorar la productividad laboral y generar empleo formal, en lugar de limitarse únicamente a cumplir con metas de inflación o de ajuste fiscal.
En conclusión, el camino hacia la prosperidad nacional requiere un Estado activo que respalde la inversión pública y fomente una estructura productiva moderna. Un blindaje financiero sólido, junto con una política decidida hacia la economía real, permitirá que el país transforme los desafíos externos en oportunidades de desarrollo duradero.
