El debate sobre el intercambio comercial entre la República Dominicana y China debe centrarse en la capacidad de competitividad del país y no únicamente en el déficit de la balanza comercial. Aunque existe una preocupación por la expansión de negocios con capital chino, el núcleo del problema radica en la necesidad de fortalecer la capacidad exportadora dominicana para aprovechar uno de los mercados más grandes del planeta.
Desde que se establecieron relaciones diplomáticas en 2018, el flujo comercial entre ambas naciones ha crecido de forma notable, pasando de US$2,288 millones a US$5,338 millones en 2025, lo que representa un aumento del 133%. En cuanto a las ventas de productos dominicanos hacia el gigante asiático, estas subieron de US$180 millones a US$532 millones en el mismo periodo, un crecimiento del 196%.
Diferencia entre competencia y prácticas irregulares
Es fundamental distinguir entre la eficiencia de un modelo de negocio y el incumplimiento de las normas. La ventaja de ciertos establecimientos chinos suele derivar de su escala, logística y capacidad de importación directa, lo cual es parte de la economía de mercado. Sin embargo, la competencia desleal es un problema real que el Estado debe atender.
La Dirección General de Aduanas (DGA) ha detectado irregularidades como la subvaluación y omisiones fiscales. De hecho, entre 2020 y 2025, tras realizar 139 auditorías al sector asiático, la autoridad detectó diferencias en el pago de impuestos por un monto de RD$4,509 millones. Por ello, se sugiere que la fiscalización de la DGII y la DGA sea inteligente y basada en riesgos, enfocándose en la conducta económica y no en la nacionalidad de los dueños.
Hacia un modelo de inversión productiva
Más allá de ser un simple mercado de importación, la estrategia nacional debería buscar que el capital proveniente de China evolucione hacia la inversión productiva en suelo dominicano. El objetivo es que estas empresas no solo vendan productos, sino que se instalen para ensamblar, producir y utilizar al país como una plataforma logística para exportar.
Para corregir el desequilibrio comercial, la solución no es restringir las importaciones de maquinaria, tecnología y materias primas que el país necesita para crecer, sino aumentar la capacidad de producción local. La política comercial debe enfocarse en que los productos dominicanos, como el ron, el café, el cacao, el ámbar y el larimar, lleguen a China con mayor valor agregado, mejores certificaciones y una logística sólida.
En última instancia, el desafío para la República Dominicana no es evitar la competencia, sino modernizar su estructura empresarial para competir en igualdad de condiciones, combatiendo la evasión y fomentando la productividad nacional.
