Este lunes, el presidente Luis Abinader y el ministro de Turismo, David Collado, inauguraron la planta de tratamiento y la primera etapa del sistema de alcantarillado sanitario de Juan Dolio-Guayacanes, en San Pedro de Macorís. No hay playa nueva ni hotel de lujo en la foto. Y precisamente por eso el evento merece atención: es la clase de inversión que no genera titulares pero decide, en silencio, si un destino turístico consolidado conserva o pierde su valor.
El activo invisible del turismo
Existe una jerarquía de la infraestructura turística que el mercado suele malinterpretar. Lo visible (hoteles, playas, malecones) atrae al visitante. Lo invisible (agua potable, saneamiento, tratamiento de aguas residuales) determina si ese visitante puede seguir llegando de forma sostenible. Juan Dolio pertenece a la segunda categoría.
El propio sector lo reconoció sin ambigüedad: Metro Country Club felicitó a las autoridades y calificó la obra como determinante para el desarrollo turístico, ambiental y residencial de la zona. Cuando un actor privado del calibre de un club residencial y turístico celebra una planta de tratamiento de aguas, no está siendo cortés: está reconociendo que se acaba de proteger el valor de su propio activo.
Por qué el saneamiento es una variable financiera
Aquí conviene explicitar la mecánica que el inversionista debe entender. Un destino de playa vive de la calidad de su agua. Cuando el crecimiento inmobiliario y hotelero supera la capacidad de saneamiento, las aguas residuales sin tratar terminan en el mar. El resultado es contaminación costera, deterioro de playas y, en última instancia, colapso de la reputación del destino. Es el patrón que ha degradado balnearios en todo el Caribe y el Mediterráneo.
Juan Dolio es un destino maduro, de las primeras zonas turísticas desarrolladas del país, con décadas de crecimiento inmobiliario a cuestas. Una obra de saneamiento en un lugar así no es expansión: es mantenimiento del valor existente. Y el mantenimiento del valor, aunque menos vistoso que la expansión, es lo que separa a un destino que envejece con gracia de uno que se degrada.
En términos de inversión, el saneamiento reduce el riesgo ambiental que amenaza cada peso ya invertido en hotelería y bienes raíces de la zona. Protege la cédula hipotecaria, el precio del metro cuadrado y la tarifa hotelera de toda la franja costera.
El patrón que se consolida
Los lectores que han seguido nuestra cobertura reconocerán que esta obra no está aislada. En los últimos días documentamos la recuperación de frentes marinos en San Pedro (El Faro, RD$67 millones) y Baní (RD$137 millones). Juan Dolio, también en San Pedro de Macorís, añade una pieza distinta pero complementaria: no el disfrute del frente marino, sino la infraestructura sanitaria que lo hace viable en el largo plazo.
El conjunto revela una gestión que opera en dos capas simultáneas. En la superficie, obras de recreación y embellecimiento que el ciudadano y el turista ven y disfrutan. Por debajo, infraestructura de saneamiento que nadie fotografía pero que sostiene todo lo demás. Una política turística que solo atiende la primera capa construye fachadas; una que atiende ambas construye durabilidad.
La otra cara
La honestidad analítica que distingue a Capital RD obliga a matizar. Primero, se inauguró la primera etapa del sistema, lo que significa que la obra completa aún está en proceso. El valor real se materializará cuando el sistema esté plenamente operativo y con cobertura suficiente para la carga urbana y turística de la zona.
Segundo, y más de fondo: el saneamiento costero es una carrera contra el crecimiento. Si el desarrollo inmobiliario y hotelero de Juan Dolio sigue expandiéndose más rápido que la capacidad instalada de tratamiento, la brecha reaparecerá. Una planta no resuelve el problema de forma permanente; lo alivia mientras el ritmo de construcción no la desborde. La sostenibilidad real exige que la inversión en saneamiento crezca al menos al mismo ritmo que la inversión visible.
Lectura Capital RD
Para el tomador de decisión, la señal es clara y contraintuitiva. Las obras que más protegen el valor turístico de largo plazo no suelen ser las que aparecen en las campañas de promoción. Una planta de tratamiento en Juan Dolio no atrae a un solo turista adicional por sí misma, pero evita que el destino pierda los que ya tiene y protege el capital ya invertido en la zona.
El inversionista sofisticado sabe leer esta clase de señales: un gobierno que invierte en la infraestructura invisible está pensando en la durabilidad del activo, no solo en la foto del corte de cinta. Y la durabilidad, en el negocio turístico, es lo que distingue una burbuja de un patrimonio.
El turismo que se celebra es el de las cifras récord y los hoteles nuevos. El turismo que perdura es el que, además, trata sus aguas residuales. Juan Dolio pertenece a esta segunda historia, la menos glamorosa y la más decisiva.
Fuentes: El Jaya; Metro Country Club; Ministerio de Turismo (MITUR); Presidencia de la República Dominicana.
