Transformación nacional: los datos que desmienten el supuesto fracaso de la política dominicana

La evolución de la República Dominicana en las últimas seis décadas demuestra que la clase política ha sido un motor clave en el desarrollo del país, contradiciendo la narrativa de un fracaso absoluto. A pesar de las críticas recurrentes sobre las deudas sociales y morales de los dirigentes, los indicadores de progreso en salud, educación y economía evidencian una transformación estructural liderada por el Estado y sus instituciones.

Desde la caída de la dictadura de Trujillo en 1961, el país ha pasado de ser una sociedad mayoritariamente rural a una nación urbana y conectada. Este cambio no ha sido casualidad, sino el resultado de políticas públicas, presupuestos estatales y una gestión gubernamental que ha permitido avances significativos en la calidad de vida de los ciudadanos.

Avances históricos en salud y educación

Uno de los indicadores más contundentes de este progreso es el incremento en la esperanza de vida. Mientras que tras la era de Trujillo la expectativa de vida al nacer apenas alcanzaba los 52 años, hoy la cifra se sitúa en los 74 años. Este salto de más de dos décadas responde a la creación de una infraestructura de salud pública que antes era inexistente, incluyendo campañas de vacunación, acceso a agua potable y mejores servicios hospitalarios.

En el ámbito educativo, la reducción del analfabetismo es otro pilar del desarrollo nacional. En 1960, el 34.2% de la población de diez años o más no sabía leer ni escribir; actualmente, los niveles de analfabetismo adulto se encuentran en mínimos históricos gracias a la construcción de escuelas, universidades públicas y programas de alfabetización diseñados por el Estado.

Crecimiento económico y modernización del Estado

La economía dominicana también refleja una expansión extraordinaria. El Producto Interno Bruto (PIB), medido en dólares corrientes, pasó de aproximadamente 7,000 millones en 1990 a superar los 127,000 millones en 2025. Este crecimiento ha permitido una economía diversificada que integra sectores como el turismo, las zonas francas, la minería y los servicios financieros.

Si bien el sector privado y los trabajadores han sido piezas fundamentales en la generación de riqueza, la estabilidad macroeconómica, la seguridad jurídica y la infraestructura de transporte y energía han sido habilitadores esenciales gestionados por la clase política. Aunque persisten retos como la pobreza y la desigualdad, los datos confirman que el país ha logrado reducir la vulnerabilidad de su población de manera sostenida.

En conclusión, la historia dominicana muestra que, con todas sus imperfecciones, la gestión política ha conducido a una nación infinitamente superior a la de 1961, construyendo un país con instituciones, leyes y una estructura económica mucho más sólida.

Por Capital RD

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