La reciente realización del 41.º período de sesiones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en Santiago ha puesto de relieve el papel fundamental que esta ciudad desempeña en el progreso de la República Dominicana. El evento, que trasciende lo protocolar, permitió mostrar al mundo la capacidad de Santiago como un centro de transformación económica y política, consolidado como el segundo polo industrial y económico del país y un referente en el sector de zonas francas.
Este logro internacional es resultado de la gestión coordinada entre el Gobierno dominicano, el Ministerio de Relaciones Exteriores (MIREX), liderado por Víctor Bisonó, y la administración del presidente Luis Abinader. Asimismo, se destacó la participación de la vicepresidenta Raquel Peña, cuya presencia subraya el compromiso estatal con el posicionamiento de la región del Cibao como un territorio de inversión, innovación y desarrollo productivo.
Un legado de transformación económica y política
La importancia de Santiago para la CEPAL no es fortuita, sino el resultado de una evolución histórica de más de cuatro siglos. Desde el reordenamiento territorial tras las devastaciones de 1605-1606, la región del Cibao desarrolló una estructura económica basada en pequeños productores y comerciantes, diferenciándose de otros modelos de gran plantación. Esta dinámica permitió que la economía local no solo generara alimentos, sino también divisas y una cultura de exportación, especialmente a través del tabaco.
Este dinamismo económico fue el motor de una conciencia política que permitió a la región participar activamente en hitos como la Guerra de la Restauración. La capacidad de los productores para conectar con mercados internacionales fomentó una demanda de instituciones y representación, convirtiendo al Cibao en un escenario clave para la construcción de la democracia dominicana.
De la tradición agrícola a la vanguardia industrial
La transición de una economía agrícola a una global es uno de los pilares que la CEPAL reconoció durante su estancia. Santiago ha logrado transformar su vocación exportadora: lo que antes era principalmente tabaco, café y cacao, hoy se traduce en una compleja red de manufactura, servicios, logística y economía del conocimiento. La ciudad concentra actualmente cerca del 39% de las empresas de zonas francas de la nación, manteniendo su liderazgo como capital mundial del tabaco pero con una escala industrial mucho mayor.
La agenda de la CEPAL 41, centrada en la gestión de transformaciones en tiempos de incertidumbre, encontró en Santiago un ejemplo vivo de cómo un territorio puede evolucionar desde el minifundio agrícola hacia la alta tecnología y las cadenas globales de valor. La experiencia cibaeña ofrece una lección para la región: los territorios tienen la capacidad de producir su propio desarrollo y proyectarlo hacia el mercado internacional.
