El próximo 24 de julio, el encendido del pebetero en Santo Domingo marcará el inicio de los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe (JCC), una edición que no solo reúne a más de seis mil atletas de 37 países, sino que también celebra el centenario de una competencia que arrancó en 1926. Para la República Dominicana, ser la sede de este aniversario es un privilegio que la coloca en el centro de la escena deportiva regional, con la oportunidad de reencontrarse con una historia de la que ha sido parte como anfitriona, protagonista en los podios y escenario de momentos clave.
De participante a potencia emergente
La trayectoria de República Dominicana en los JCC es un reflejo de su crecimiento deportivo. Desde su debut en Barranquilla 1946, el país pasó de ser un competidor secundario a consolidarse entre las principales delegaciones, gracias a planes de alto rendimiento y mayor inversión en infraestructura. Hasta la fecha, la delegación acumula 993 medallas: 199 de oro, 316 de plata y 478 de bronce, lo que la sitúa en el sexto lugar del medallero histórico, detrás de Cuba, México, Venezuela, Colombia y Puerto Rico.
El ascenso se hizo más visible en las últimas décadas. En Veracruz 2014, el país terminó quinto con 77 preseas, 20 de oro. Cuatro años después, en Barranquilla 2018, mantuvo esa posición pero elevó su cosecha a 107 medallas. La consolidación llegó en San Salvador 2023, con 111 medallas (25 de oro, 36 de plata y 50 de bronce), firmando una de sus mejores actuaciones. Disciplinas como el atletismo, el voleibol femenino, el levantamiento de pesas, el taekwondo, el boxeo y el judo han sido clave en este crecimiento.
Atletas que hicieron historia
Los JCC han sido el trampolín para muchos atletas dominicanos que luego brillaron a nivel mundial. Desde el pesista Amaury Cordero, que logró el primer oro criollo en Santo Domingo 1974, hasta la velocista Marileidy Paulino, campeona olímpica y mundial, el certamen ha sido escenario de primeros grandes éxitos. Figuras como Félix Sánchez, Luguelín Santos y Gabriel Mercedes también dejaron su huella, al igual que el equipo femenino de voleibol, las Reinas del Caribe, y otras figuras como Teresa Durán.
Dos sedes, una misma huella
República Dominicana ya había sido anfitriona en dos ocasiones: Santo Domingo 1974 y Santiago de los Caballeros 1986. La primera edición impulsó la modernización de instalaciones y mejoras urbanas, mientras que la segunda apostó por descentralizar los Juegos, fortaleciendo la infraestructura y las capacidades institucionales. Esa experiencia acumulada es la base para la organización de la edición del centenario.
Bajo el lema «Juntos haremos historia», el comité organizador, presidido por José Monegro, ha diseñado un programa con énfasis en la sostenibilidad, incluyendo movilidad sostenible, reciclaje y acciones educativas. Cuando el pebetero se encienda el 24 de julio, no solo comenzará una nueva edición, sino que culminará un siglo de historia y dará inicio a otro, con la misma llama que hace 100 años dio origen al certamen.
