La realización de la Parada Cívica por la Salud Mental en la República Dominicana ha generado un llamado a la reflexión sobre el bienestar emocional de la población y la calidad de la atención disponible en el país. Este evento resalta la urgencia de analizar cómo los factores sociales y el entorno influyen en las conductas humanas y en la estabilidad psicológica de los ciudadanos.
E. Margarita Eve, quien cuenta con dos décadas de estudio sobre patrones de conducta en territorio dominicano y en Estados Unidos, señala que desde la etapa de la pandemia se han detectado comportamientos que requieren una investigación más profunda. La experta manifiesta inquietud ante posibles incrementos en cuadros de psicosis, neurosis y sociopatía, sugiriendo que es necesario determinar si estas tendencias están ligadas a deficiencias en los ámbitos familiar, educativo y social.
El impacto del entorno en la formación de la conducta
La formación de la personalidad y el comportamiento encuentra sus pilares en la familia y el sistema educativo. Según se plantea, la exposición recurrente de los menores a situaciones de manipulación, crueldad o violencia puede derivar en la reproducción de estos patrones, afectando su brújula moral. Ante esto, se subraya que promover valores como la responsabilidad, el respeto y la empatía desde la niñez es un paso vital para el desarrollo nacional.
Asimismo, la percepción de inseguridad ciudadana se identifica como un factor que golpea directamente la tranquilidad de las familias y el descanso de la población. El temor constante a la violencia no solo afecta la seguridad física, sino que tiene consecuencias emocionales que deben ser integradas en las estrategias de prevención del Estado.
Hacia un modelo de atención integral y preventivo
Frente a este panorama, se plantea la necesidad de que la República Dominicana fortalezca su infraestructura de salud mental, garantizando un mayor acceso a especialistas y brindando apoyo directo a los núcleos familiares. Se enfatiza que acudir a ayuda profesional debe verse como un acto de responsabilidad para obtener diagnósticos y acompañamientos adecuados.
En el ámbito cognitivo, existe la preocupación de que tras la pandemia algunas personas presenten dificultades para procesar información, recordar datos o conectar ideas de forma coherente. Se advierte que estos síntomas deben ser estudiados con rigor científico para entender su impacto en la vida diaria, sin asumir que son consecuencias directas de la COVID-19.
Finalmente, se hace un llamado a evitar el exceso de medicación que se ha observado en naciones desarrolladas. Tomando como referencia que en Estados Unidos el 19,3 % de los adultos usó fármacos para la salud mental en 2024, y que en la OCDE el consumo de antidepresivos subió más del 40 % entre 2013 y 2023, se propone que el país priorice la prevención y las terapias alternativas, manteniendo el uso de medicamentos únicamente cuando sea estrictamente necesario por indicación clínica.
