Esta semana, Santo Domingo reunió a los líderes de la aviación civil de América Latina y el Caribe en la Reunión CIX del Comité Ejecutivo ampliado de la Comisión Latinoamericana de Aviación Civil (CLAC). En la mesa principal, junto a Héctor Porcella, presidente de la CLAC y de la Junta de Aviación Civil, y al secretario general del organismo, Jaime Binder, estuvo el ministro de Turismo, David Collado.
Esa fotografía contiene la noticia real. No es común que un ministro de Turismo ocupe un asiento en la cabecera de un foro aeronáutico regional. Que Collado esté ahí revela cómo funciona el modelo dominicano: turismo y aviación no se gestionan como carteras separadas, sino como un solo sistema. Y ese sistema hoy preside el principal organismo aeronáutico de la región.
De la cuarta silla a la cabecera
La trayectoria explica el peso del momento. En 2022, República Dominicana ocupaba la segunda vicepresidencia del Comité Ejecutivo, tras haber pasado por la tercera. En 2024 fue elegida por unanimidad para la primera vicepresidencia. Hoy preside el organismo, que agrupa a 22 Estados miembros de Latinoamérica y el Caribe.
Cuatro escalones en seis años, por unanimidad en cada elección. Ese ascenso coincide punto por punto con el período en que Collado ha dirigido el Ministerio de Turismo y ha convertido la conectividad aérea en el eje central de su gestión. No es coincidencia cronológica: es la misma estrategia operando en dos frentes, el comercial y el diplomático.
Por qué esto es un activo económico, no un trofeo
Aquí está el punto que el lector de Capital RD debe capturar. La CLAC no es un club protocolar: es el espacio donde se negocian derechos de tráfico, acceso a mercados y armonización regulatoria entre 22 países. Esas negociaciones determinan qué aerolínea puede volar a dónde, con qué frecuencia y con cuánta capacidad.
El precedente más claro es el memorándum de entendimiento multilateral suscrito bajo el marco de la CLAC, que otorga a las líneas aéreas dominicanas la posibilidad de operar vuelos sin restricciones de rutas ni de capacidad desde y hacia los países miembros. Traducido: se eliminan los cuellos de botella regulatorios que en otros mercados obligan a negociar bilateralmente, país por país, cada frecuencia adicional.
Para un desarrollador hotelero o un fondo de infraestructura, eso es una variable de riesgo que baja. La pregunta que define la viabilidad de un proyecto en Miches, Pedernales o Punta Bergantín no es solo cuántas habitaciones se construyen, sino cuántos asientos aéreos podrán llenarlas. Estar en la mesa donde se define ese marco regulatorio es control directo sobre la variable de demanda.
Collado y el eslabón que faltaba
Los lectores que han seguido nuestra cobertura reconocerán el patrón que ha construido el ministro. Aseguró financiamiento bancario para la cartera turística, con US$13,370 millones negociados en Fitur 2026 respaldados por Banco Popular, Banreservas y BHD. Blindó la demanda europea con acuerdos que consolidan más de 1 millón de asientos anuales entrantes junto a TUI, Air Europa, Iberia y otras aerolíneas que canalizan más del 90 % del turismo europeo hacia el país. Salió a captar mercados emisores nuevos con roadshows en Chicago y Miami. Y presentó las proyecciones del sector ante JP Morgan, Bank of America y Standard & Poor’s en Nueva York.
La presencia en la CLAC completa esa cadena por el eslabón regulatorio. Collado no solo negocia rutas con aerolíneas: opera dentro del organismo que ayuda a escribir las reglas bajo las cuales esas rutas se negocian. Ese es el diferencial competitivo frente al resto del Caribe. La mayoría de los destinos de la región compite por atraer aerolíneas. RD compite desde adentro del marco que las gobierna.
La reunión de esta semana no fue ceremonial
La agenda del Comité Ejecutivo ampliado incluyó la firma de memorandos de entendimiento entre varios Estados y una agenda de trabajo orientada al fortalecimiento de la aviación regional, con foco en conectividad aérea, seguridad operacional e integración.
Porcella situó el marco: el país ha impulsado políticas públicas enfocadas en el fortalecimiento de la aviación civil, la ampliación de la conectividad aérea, la atracción de inversiones, la promoción del turismo y el desarrollo logístico, esfuerzos que han contribuido al crecimiento sostenido del sector aeronáutico. Destacó además el papel de la Junta de Aviación Civil como espacio de coordinación entre instituciones públicas y el sector privado vinculados a la aviación y al turismo.
Esa articulación público-privada entre aviación y turismo es, precisamente, lo que explica el desempeño reciente: el sector creció cerca de 9 % en los primeros cinco meses de 2026, ubicándose entre los mercados de mejor desempeño regional, y el Banco Central proyecta más de US$12,500 millones en ingresos turísticos al cierre del año.
Lectura Capital RD
Para el tomador de decisión, la conclusión es de horizonte, no de coyuntura. Un país que preside la CLAC y mantiene asiento en el Consejo de la OACI tiene capacidad de influir sobre el marco regulatorio aéreo regional durante años, no meses. Eso reduce la incertidumbre sobre la variable más crítica de cualquier proyecto turístico caribeño: el acceso aéreo.
La señal a monitorear es cómo se traduce esa silla en resultados concretos: acuerdos de cielos abiertos adicionales, nuevas rutas hacia mercados secundarios de Estados Unidos y Suramérica, y capacidad instalada en aeropuertos regionales fuera de Punta Cana. Ahí es donde el capital político se convierte en asientos, y los asientos en ocupación.
Bajo la gestión de Collado, República Dominicana dejó de ser un destino que espera aviones. Se sentó en la mesa donde se decide hacia dónde vuelan.
Fuentes: Junta de Aviación Civil (JAC); Comisión Latinoamericana de Aviación Civil (CLAC); Acento; Presidencia de la República Dominicana; Ministerio de Turismo (MITUR); Banco Central de la República Dominicana.
