Manglares, ecosistemas vitales para el desarrollo sostenible y la protección costera en México y el mundo, según experto de ECOSUR

En el marco del Día Internacional para la Conservación del Ecosistema de Manglares, celebrado cada 26 de julio desde 2015 por proclamación de la UNESCO, Héctor A. Hernández Arana, investigador titular de El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR) en México, destacó que, aunque la sociedad comienza a reconocer los beneficios de estos ecosistemas, aún falta que esa percepción se consolide plenamente. El especialista, que ha dedicado su carrera al estudio de los manglares, subrayó que estos ecosistemas de transición entre el mar y la tierra ofrecen servicios ambientales cruciales, como la protección contra huracanes e inundaciones, la mitigación del cambio climático al actuar como sumideros de carbono, y el soporte para la biodiversidad.

Hernández Arana explicó que los manglares, presentes en más de 120 países, cubren en México el 6.7 % de la superficie global, lo que coloca al país como el cuarto con mayor extensión de este ecosistema, concentrado principalmente en la Península de Yucatán (60 %). Sin embargo, advirtió que la percepción negativa hacia ellos, asociada a la presencia de mosquitos, serpientes y cocodrilos, ha facilitado su destrucción para dar paso a desarrollos turísticos, proyectos inmobiliarios, carreteras, y las industrias camaronera y petrolera, especialmente en el Caribe mexicano y Tabasco.

Beneficios ambientales y amenazas humanas

El investigador detalló que los manglares actúan como una barrera natural que reduce la velocidad del agua durante tormentas y huracanes, protegiendo las costas de inundaciones extremas. “Si no estuvieran esos ecosistemas, si los erradicamos, estamos eliminando una protección alrededor de inundaciones extremas”, afirmó. Además, señaló su papel como sumideros de carbono: mediante la fotosíntesis, absorben dióxido de carbono (CO2) y lo almacenan en su biomasa y en el suelo durante miles de años, contribuyendo a mitigar el calentamiento global.

Entre las principales amenazas, Hernández Arana mencionó la expansión urbana y turística en el Caribe mexicano, la industria petrolera en Tabasco, la agricultura en humedales, y la acuicultura de camarón, que causó una deforestación significativa en Ecuador en la década de 1980. Aunque las últimas estimaciones muestran un incremento en la cobertura de manglares en México, el experto advirtió que esto puede deberse a mejores herramientas de medición, y que en regiones como el Caribe mexicano la reducción ha sido sostenida en los últimos 50 años.

Normativa y fiscalización insuficientes

Hernández Arana criticó que, si bien México cuenta con una normativa estricta que prohíbe tocar los manglares, la fiscalización es débil. Puso como ejemplo el poblado de Mahahual, en el sur de Quintana Roo, donde el relleno de manglares para el desarrollo turístico incrementó el riesgo de inundaciones durante eventos extremos. También señaló que la construcción de carreteras a través de humedales interrumpe el flujo de agua, lo que lleva al deterioro del ecosistema y aumenta los riesgos para la infraestructura.

“Deberíamos orientar esfuerzos para construir carreteras donde hubieran tramos elevados y no tuviéramos pequeños tubos de tres metros de diámetro para comunicar un lado de la carretera con el otro cuando atraviesa un ecosistema de manglar. Deberíamos tener puentes extensos, que permitan el flujo continuo y prevengan el deterioro”, afirmó, lamentando que el conocimiento científico no se aterrice en la normativa y reglamentación.

Avances científicos y desafíos pendientes

El investigador destacó que la ciencia ha mejorado la capacidad para cuantificar la cobertura de manglares a nivel global, identificando zonas de riesgo. Sin embargo, subrayó que esa información debe ser utilizada por los administradores de recursos naturales para garantizar la observancia de las regulaciones existentes y promover estrategias de desarrollo que respeten la conectividad de los ecosistemas costeros. “Desafortunadamente, hemos avanzado mucho en la investigación y en la implementación de estrategias de restauración, pero eso solo es necesario porque ya hemos producido daños profundos”, concluyó.

Por Capital RD

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