La Liga Árabe lanzó una condena contundente contra la decisión de Nauru de establecer su sede diplomática en Jerusalén, calificando la acción como una infracción directa a las normativas internacionales. El organismo señaló que este movimiento busca fortalecer la situación de ilegalidad que mantiene la ocupación israelí en la zona.
A través de su Secretaría General, el grupo regional explicó que la medida de Nauru contradice el consenso mundial sobre la condición jurídica e histórica de la ciudad. En este sentido, se recordó que existen resoluciones de las Naciones Unidas que prohíben el reconocimiento de acciones israelíes que pretendan modificar la realidad territorial, instando a las naciones a no retirar sus misiones diplomáticas de dicho lugar.
Impacto en la solución de dos Estados
El comunicado advierte que este tipo de acciones podrían incentivar a las autoridades de ocupación a profundizar su control sobre Jerusalén, lo que pone en riesgo la posibilidad de alcanzar una paz basada en la solución de dos Estados. La organización instó a Nauru a que "reconsidere esta decisión" y que "cumpla las resoluciones de Naciones Unidas y con el Derecho Internacional".
La Secretaría General fue enfática al señalar que la apertura de una oficina diplomática en la zona ocupada no cambia la situación legal ni afecta los derechos del pueblo palestino para fundar su Estado con Jerusalén Este como capital. Al respecto, el organismo reiteró:
"Jerusalén Este es parte integrante del territorio palestino ocupado desde 1967, y ninguna medida o práctica destinada a alterar el carácter, el estatus jurídico o la composición demográfica de la ciudad puede crear una nueva realidad jurídica"
Contexto de la apertura diplomática
La inauguración de la embajada de Nauru, realizada el pasado lunes, contó con el respaldo del ministro de Exteriores de Israel, Gideon Saar, quien destacó que esta es la novena embajada en la ciudad y que se esperan más aperturas próximamente. No obstante, la Autoridad Palestina y diversos grupos de la región mantienen su rechazo a estos movimientos, dado que Jerusalén Este permanece bajo ocupación desde el conflicto de 1967.
Aunque Israel sostiene que la ciudad es su capital unificada, la mayoría de la comunidad internacional no comparte esta postura, manteniendo el principio de que la capital debe ser compartida en un futuro Estado palestino bajo las fronteras establecidas en 1967.
