Hace 96 años, específicamente el 3 de septiembre de 1930, la ciudad de Santo Domingo fue escenario de una de las mayores catástrofes naturales de su historia tras el paso directo del ciclón San Zenón. El fenómeno, que tuvo una fuerza comparable a un huracán de categoría 4, causó una destrucción masiva y dejó un saldo de miles de personas fallecidas y heridas en la capital dominicana.
Durante el evento, se registraron ráfagas de viento que alcanzaron los 290 kilómetros por hora, según datos de un instrumento meteorológico que fue destruido por la intensidad del clima. La vulnerabilidad de la infraestructura de la época, compuesta mayormente por casas de madera, zinc y palma, facilitó que los techos fueran arrancados y que gran parte de las edificaciones colapsaran ante la fuerza del viento.
Dinámica del fenómeno y víctimas
El paso del ojo del ciclón generó una calma momentánea que confundió a la población, pero la situación se tornó crítica nuevamente cuando los vientos regresaron con fuerza desde la dirección opuesta. Debido a la magnitud del desastre, no existe un consenso exacto sobre la cifra de fallecidos; los registros históricos oscilan entre los 2,000 y los 4,000 muertos, sumado a una cantidad considerable de heridos.
La emergencia también representó un reto extremo para las autoridades de aquel entonces, quienes debieron gestionar la crisis en un contexto de gran devastación física y social.
Contexto político y legado cultural
El desastre ocurrió en un momento político crucial, apenas 18 días después de que Rafael Leónidas Trujillo iniciara su gestión presidencial el 16 de agosto de 1930. Este evento tuvo repercusiones significativas en la estructura social y política de la nación en sus inicios.
En el ámbito cultural, la tragedia inspiró al Trío Matamoros, agrupación cubana que se encontraba en el país durante el suceso, quienes compusieron la pieza musical titulada “El trío y el ciclón”.
A casi un siglo de distancia, el ciclón San Zenón se mantiene como un referente en la memoria histórica dominicana, subrayando la necesidad de contar con sistemas de vigilancia, alertas y una preparación robusta para enfrentar fenómenos atmosféricos similares.
