En geopolítica, el poder de un país pequeño rara vez se mide en ejércitos. Se mide en la capacidad de volverse indispensable. Y en el Caribe de 2026, República Dominicana ha logrado exactamente eso a través de un instrumento poco convencional: el turismo. Detrás de esa construcción hay una gestión con nombre propio, la de David Collado, que transformó una cartera sectorial en una palanca de influencia regional.
Los números que definen el liderazgo
La posición dominicana no es retórica: es cuantificable y comparada. Con 10.8 millones de turistas internacionales registrados en 2025 y una proyección de 11.4 millones para 2026, el país supera en volumen de visitantes a Jamaica, Puerto Rico y las Bahamas, sus competidores directos en el Caribe.
Pero el dato que revela verdadero liderazgo es el del crecimiento diferencial. Entre enero y marzo de 2026, RD recibió más de 3.7 millones de turistas, con un alza interanual de 10.8 %, mientras el Caribe en su conjunto apenas avanzó 0.2 %. Es decir, el país no está creciendo con la marea regional: está capturando cuota mientras sus vecinos se estancan. Cuando un destino crece 54 veces más rápido que el promedio de su entorno, no está compitiendo en la misma liga.
El peso económico consolida el argumento. Según el Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC), el turismo aportó más de US$21,000 millones al PIB dominicano en 2025, el 15.8 % de su economía, y emplea a casi 893,000 personas, el 17.9 % de la fuerza laboral. RD sobresale como líder regional del Caribe en visitantes y en contribución económica, en una región donde el turismo pesa 18 % del PIB.
De ministro sectorial a operador regional
Aquí es donde la figura de Collado adquiere dimensión geopolítica. Un ministro de Turismo convencional promueve su destino. Collado ha hecho algo distinto: ha proyectado a RD como articulador del sistema regional.
La evidencia más clara es institucional. República Dominicana preside hoy el Comité Ejecutivo de la Comisión Latinoamericana de Aviación Civil (CLAC), el organismo que agrupa a 22 Estados y define el marco de conectividad aérea de la región. Esta misma semana, Santo Domingo fue sede de la reunión del Comité Ejecutivo ampliado, con Collado en la mesa principal. No es casual: quien preside el foro donde se negocian los derechos de tráfico aéreo tiene influencia sobre la variable que determina hacia dónde fluyen los turistas de todo el hemisferio.
A esto se suma la condición de RD como sede recurrente de eventos regionales, desde los Juegos Centroamericanos y del Caribe hasta foros de inversión que convocan fondos internacionales, lo que refuerza su rol como punto de convergencia del Caribe y no simplemente como uno más de sus destinos.
Por qué el liderazgo turístico es poder geopolítico real
Para el tomador de decisión conviene explicitar la mecánica. En una región donde el turismo representa el 18 % del PIB y donde las economías dependen estructuralmente del sector, el país que lidera en llegadas, conectividad y captación de inversión no solo gana divisas: gana capacidad de fijar estándares.
Cuando RD negocia rutas, establece normas de facilitación aérea o atrae aerolíneas europeas y norteamericanas, mueve el mapa de conectividad de todo el Caribe. Las aerolíneas que abren rutas hacia Punta Cana o Las Américas reorganizan sus redes regionales en función de esa demanda. En la práctica, las decisiones tomadas desde Santo Domingo tienen externalidades sobre los destinos vecinos. Eso es influencia geopolítica, aunque se ejerza con folletos turísticos y no con tratados.
El activo diplomático adicional es la estabilidad. Mientras organismos como el PNUD advierten que las economías caribeñas mantienen una fuerte dependencia de un sector sensible a los conflictos globales, RD ha diversificado mercados emisores, entre ellos Estados Unidos, Canadá, Colombia y Europa, y ha blindado su conectividad, reduciendo su vulnerabilidad frente a choques externos. Un país que sostiene crecimiento cuando la región se estanca proyecta confianza, y la confianza es, en sí misma, capital diplomático.
La otra cara: el riesgo de la dependencia
La honestidad analítica que distingue a Capital RD exige señalar el reverso. Un turismo que pesa 15.8 % del PIB es una fortaleza y, simultáneamente, una exposición. El propio PNUD advierte que la prolongación de tensiones geopolíticas podría restar entre uno y dos puntos porcentuales al crecimiento de las llegadas regionales este año.
El liderazgo de RD, por tanto, no es un cheque en blanco: es una posición que exige gestión permanente. La ventaja competitiva se mantiene solo mientras se sostengan la conectividad, la diversificación de mercados y la seguridad jurídica que atrae la inversión. Perder cualquiera de esos pilares erosionaría no solo el turismo, sino la posición regional construida sobre él.
Lectura Capital RD
El caso dominicano ilustra una tesis que el inversionista debe internalizar: en el Caribe del siglo XXI, el turismo es geopolítica por otros medios. RD ha entendido que liderar en llegadas, presidir los organismos de conectividad y ser sede de los grandes eventos regionales le otorga una influencia que su tamaño no le daría por otras vías.
La gestión de Collado ha sido el motor visible de esa construcción. La señal a monitorear hacia adelante es si RD logra institucionalizar ese liderazgo, es decir, convertirlo en reglas, acuerdos y arquitectura permanente, o si depende de la coyuntura y de la continuidad de una gestión específica. Lo primero sería poder estructural; lo segundo, una ventaja prestada.
Por ahora, el hecho es incontestable: en el tablero turístico del Caribe, República Dominicana no juega. Reparte las cartas.
Fuentes: Infobae; Revista Mercado; Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC); Organización de Turismo del Caribe (CTO); Ministerio de Turismo (MITUR); Acento; PNUD.
