La República Dominicana enfrenta un panorama de vulnerabilidad ante la creciente inestabilidad del orden mundial, marcada por conflictos bélicos, disputas de poder y crisis económicas globales. Según el análisis del experto Justo Del Orbe, la condición de país abierto y su ubicación geográfica exigen que el Estado dominicano anticipe riesgos para proteger su seguridad, economía y soberanía ante eventos que ocurren en regiones distantes.
Uno de los focos de tensión más críticos es la guerra entre Rusia y Ucrania. Este conflicto, que la ONU calificó como una fase peligrosa en septiembre de 2026, impacta directamente a la República Dominicana a través de la inflación y el aumento en los costos de producción, debido a la dependencia nacional de la importación de alimentos y combustibles que se ven afectados por la crisis en los mercados energéticos y agrícolas europeos.
Conflictos internacionales y su impacto económico
La situación en Oriente Medio también representa un riesgo constante para la estabilidad dominicana. Aunque se logró un alto al fuego en Gaza en octubre de 2025, la persistencia de ataques y la vulnerabilidad en rutas comerciales como el mar Rojo y el estrecho de Ormuz pueden disparar los precios de la electricidad, los fletes y los productos básicos en el territorio nacional.
Por otro lado, la competencia estratégica entre Estados Unidos y China en la región de Asia-Pacífico, centrada en tecnología y suministros, y las crisis humanitarias en África, como la guerra en Sudán, configuran un entorno global de incertidumbre. Estas disputas geoeconómicas y la lucha por recursos estratégicos influyen en las cadenas de suministro que afectan la economía dominicana.
La crisis de Haití y la seguridad nacional
En el ámbito regional, la situación de Haití se identifica como la preocupación geopolítica más inmediata para el país. La crisis institucional y de seguridad en la vecina nación, donde se estima que 6.4 millones de personas requerirán ayuda humanitaria en 2026, impacta directamente en la República Dominicana a través de la migración, la salud, el comercio y la criminalidad transnacional.
Ante este escenario, se plantea la necesidad de que la gestión gubernamental fortalezca la seguridad fronteriza y la inteligencia estratégica. Además de la defensa de los límites territoriales, la seguridad moderna exige la protección de infraestructuras críticas como redes eléctricas, sistemas financieros, telecomunicaciones y el espacio digital frente a amenazas como ciberataques y el cambio climático.
Estrategias para el desarrollo nacional
Para convertir la posición geográfica en una ventaja, se recomienda una respuesta estratégica basada en la diversificación de mercados y fuentes de energía, el fortalecimiento de la seguridad alimentaria y una diplomacia activa. El objetivo es reducir las vulnerabilidades y asegurar que el interés nacional prevalezca en un mundo fragmentado donde la distancia ya no garantiza la protección frente a las crisis externas.
