Del control estatal a la influencia digital: la transformación de la política dominicana

La dinámica del poder en la República Dominicana ha dado un giro radical, pasando de los periodos de control autoritario y persecución política a una era donde la opinión pública es moldeada por las redes sociales y la cultura urbana. Este cambio refleja una profunda crisis de representación en los partidos tradicionales, lo que ha llevado a la juventud a buscar referentes en figuras de la comunicación digital en lugar de los liderazgos políticos de siempre.

El legado de las eras pasadas

Históricamente, el país atravesó etapas de gran tensión, como los "Doce Años" de Joaquín Balaguer entre 1966 y 1978. Durante ese tiempo, mientras se modernizaba la infraestructura nacional con la construcción de carreteras y presas, también se vivió una etapa de represión contra estudiantes, sindicalistas y periodistas. Aquella época se caracterizó por un modelo de paternalismo donde el Estado funcionaba como un ente proveedor de favores, lo que debilitó la formación de una ciudadanía independiente.

A pesar de los cambios de gobierno, prácticas como el clientelismo y el uso del Estado para fines de grupos políticos han persistido, generando un desencanto generalizado. Los partidos políticos han perdido credibilidad ante una juventud que percibe sus estructuras como cerradas y alejadas de las necesidades reales, viendo con escepticismo cómo sus dirigentes acumulan privilegios.

El ascenso de la influencia digital

En este vacío de autoridad moral, han surgido figuras que conectan directamente con la población sin pasar por las instituciones. Un ejemplo claro es Santiago Matías, conocido como Alofoke, cuya trayectoria desde el sector de Capotillo y su éxito en la música urbana representan el ascenso de una cultura que antes era marginada por las élites. Su plataforma mediática ha logrado transformar la visibilidad de lo popular en un poder económico y comunicacional significativo.

Sin embargo, el análisis advierte que la popularidad en redes no es sinónimo de capacidad de gobierno. Administrar una nación requiere conocimientos técnicos en áreas como economía, salud y seguridad, algo que un entorno digital no puede sustituir. La gestión pública no puede basarse en la viralidad o en la controversia de los contenidos digitales.

Hacia un nuevo modelo democrático

El fenómeno de los nuevos líderes digitales es, en esencia, una crítica al sistema educativo y político que no ha logrado conectar con la realidad de los jóvenes. La sociedad dominicana enfrenta el reto de no sustituir el caudillismo tradicional por uno basado en algoritmos, y de no permitir que la política se convierta únicamente en un espectáculo de entretenimiento.

La verdadera evolución democrática para el país no consiste en cambiar de figuras de poder, ya sean políticos o comunicadores, sino en fortalecer las instituciones y lograr que la ciudadanía sea la verdadera protagonista del desarrollo nacional, exigiendo derechos fundamentales como educación, salud y dignidad sin depender de líderes imprescindibles.

Por Capital RD

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