Desafío eléctrico en República Dominicana: la clave ya no es generar energía, sino mejorar la red

El sistema eléctrico de la República Dominicana enfrenta una etapa decisiva donde el reto principal ha dejado de ser la producción de energía para centrarse en la capacidad de la red para transportarla y entregarla. Aunque el país ha logrado atraer inversiones masivas para proyectos de generación renovable, el verdadero éxito dependerá de la modernización de la infraestructura de transmisión, la reducción de pérdidas en la distribución y la gestión técnica para evitar el desperdicio de energía.

A pesar de que la inversión extranjera ha fortalecido la capacidad instalada, surge una paradoja técnica: el aumento de la capacidad de generación no garantiza un mejor servicio si la red no puede absorber dicha carga. Este fenómeno se evidencia en el llamado curtailment, que es la limitación de la energía producida que no puede inyectarse al sistema. Según estimaciones del sector, en 2025 se dejaron de aprovechar cerca de 189,057 MWh de energía renovable debido a trabas técnicas, lo que representaría un impacto económico de unos 30 millones de dólares.

Inversión extranjera y capacidad de generación

La República Dominicana ha demostrado ser un destino atractivo para el capital internacional en el sector energético. Empresas como ACCIONA Energía han puesto en marcha proyectos como Cotoperí Solar en La Romana, con inversiones que alcanzan los 100 millones de dólares. Asimismo, compañías como Akuo, con su planta Matrisol, y TotalEnergies, que adquirió una parte importante del portafolio de AES Dominicana, han consolidado la presencia de fuentes renovables en el país.

Estos movimientos confirman que existen los recursos naturales, la demanda y las estructuras financieras necesarias para sostener proyectos de gran escala. Sin embargo, la rapidez con la que crece la generación solar y eólica está poniendo a prueba la capacidad de respuesta de la infraestructura nacional.

Los tres indicadores del progreso eléctrico

Para determinar si la gestión del sistema eléctrico está avanzando hacia la estabilidad, se deben observar tres señales críticas:


  • Ejecución de infraestructura: No basta con adjudicar contratos; el avance real depende de que las obras de transmisión y distribución se construyan y entren en operación conforme a lo previsto.

  • Control de pérdidas: La reducción de las pérdidas técnicas y comerciales en las distribuidoras (Edenorte, Edesur y Edeeste) es vital para asegurar que la electricidad se convierta en ingresos reales para el sistema.

  • Gestión del curtailment: Si la energía restringida disminuye mientras la capacidad renovable crece, significa que la red está mejorando su capacidad de integración.

Hacia la meta de 2030

El Ministerio de Energía y Minas ha proyectado un incremento significativo en la necesidad de generación para cubrir la demanda futura. Para marzo de 2026, el Sistema Eléctrico Nacional Interconectado (SENI) ya contaba con una capacidad instalada de 7,432 MW, con una disponibilidad promedio de 3,675 MW.

El desafío para la administración y el sector privado hacia el año 2030 consiste en armonizar la expansión de la generación con la modernización de la red, el almacenamiento de energía y la digitalización. La transición energética dominicana pasará de una etapa de expansión de capacidad a una de integración eficiente para garantizar que los megavatios se transformen efectivamente en un servicio de calidad para todos los ciudadanos.

Por Capital RD

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