El director general de Aduanas dio un paso que reordena el tablero del oficialismo: en lugar de competir, decidió respaldar. La convergencia entre dos de los perfiles con mayor visibilidad del gobierno reduce la incertidumbre interna del PRM dos años antes del ciclo electoral.
Una definición que cambia la aritmética
Eduardo Sanz Lovatón, director general de Aduanas, se pronunció de manera abierta a favor de la aspiración presidencial del ministro de Turismo, David Collado, dentro del Partido Revolucionario Moderno. Lo hizo sin ambigüedades ni fórmulas de cortesía: planteó que llegó el momento de esa candidatura y comprometió su respaldo personal.
El peso del gesto no está en el elogio sino en quién lo formula. Sanz Lovatón encabeza una de las instituciones recaudadoras de mayor relevancia del Estado dominicano y es, por derecho propio, uno de los cuadros de mayor proyección del oficialismo. Hasta ahora, buena parte del análisis político lo situaba como un competidor potencial dentro de la misma franja generacional que Collado. Que haya optado por alinearse en lugar de disputar altera la aritmética interna del partido de gobierno de forma inmediata.
El argumento generacional
El planteamiento se apoya en un eje explícito: la existencia de una generación política nacida entre finales de los años setenta y principios de los ochenta que acompañó a Luis Abinader desde antes de la llegada del PRM al poder y que hoy estaría en condiciones de asumir la conducción del proyecto. Se trata de un bloque con presencia real en el territorio, que incluye senadores de provincias como Samaná, La Altagracia y Pedernales, diputados de distintas demarcaciones y alcaldes de ciudades principales del país.
Dentro de ese conjunto, Collado es identificado como el representante natural. No por antigüedad ni por herencia, sino por acumulación de resultados electorales y de gestión: fue el diputado más votado en su momento, ganó la alcaldía del Distrito Nacional en una contienda adversa y ha sostenido desde el Ministerio de Turismo una operación que produce cifras verificables cada trimestre.
El perfil que se destaca
La caracterización que se hace de Collado escapa al retrato promocional habitual. Se lo describe como un político reservado, incluso reticente en el trato público, pero riguroso en el método y persistente en los objetivos que se fija. Es un perfil poco frecuente en un ecosistema político donde la exposición suele preceder a la ejecución.
Ese temperamento tiene un antecedente que ilustra el punto. A mediados de la década pasada, cuando Collado aspiraba a una diputación, recibió una oferta de candidatura desde otra organización política. La declinó, con el argumento de que abandonar su partido en ese momento era un error estratégico. Quien hoy lo respalda perdió aquella elección y vio disputada su propia candidatura. Dos trayectorias que arrancaron en el mismo punto y tomaron rutas distintas: una que no perdió y otra que no se rindió.
Continuidad, no ruptura
El respaldo llega envuelto en una valoración explícita de la gestión de Luis Abinader, a la que se atribuyen el mayor crecimiento económico de la región, récords en turismo y exportaciones, avances en seguridad alimentaria y un legado institucional que se resume en el fin del caudillismo y la consolidación de un Ministerio Público independiente. El encuadre es deliberado y políticamente eficaz: la aspiración de Collado se presenta como prolongación de una obra en marcha, no como su corrección.
Ese marco desactiva de antemano la lectura de deslealtad hacia el liderazgo vigente, que es la vulnerabilidad clásica de cualquier posicionamiento anticipado dentro de un partido en el poder.
Los límites de la señal
Corresponde precisar el alcance real de lo ocurrido. Se trata de una definición individual, no de una decisión partidaria ni de un acuerdo formalizado. Collado no ha proclamado candidatura alguna. La alcaldesa del Distrito Nacional, Carolina Mejía, mantiene su propia aspiración y una estructura territorial consolidada, con respaldo demostrado dentro de los organismos del partido. Y el PRM aún no ha definido el mecanismo con el que escogerá su candidatura presidencial; su nueva dirección política, encabezada por Abinader, será juramentada en septiembre y conducirá la organización durante el período 2026-2028.
Un respaldo de este calibre reduce el número de competidores probables dentro de una misma franja generacional, pero no resuelve una contienda que se decidirá por reglas todavía por establecer y, en última instancia, por el arbitraje del liderazgo del partido.
Lectura Capital RD
Para el inversionista, el valor de este episodio no reside en el entusiasmo político sino en la información estructural que revela. Dos de los funcionarios con mayor impacto directo sobre variables económicas —Turismo y Aduanas— acaban de alinearse públicamente en lugar de competir. En términos operativos, eso reduce la probabilidad de fricción entre dos instituciones que comparten expedientes sensibles: facilitación de comercio, logística portuaria, flujos de cruceros, y control fronterizo asociado a la operación turística.
En términos de riesgo político, la señal apunta a una consolidación temprana de bloques dentro del oficialismo. Los procesos internos que se ordenan con anticipación suelen generar menos volatilidad institucional que los que se resuelven sobre la fecha límite. Esa previsibilidad es exactamente lo que descuenta el capital de largo plazo cuando evalúa un destino: no promesas de continuidad, sino evidencia de que las coaliciones internas se están formando en lugar de fragmentarse.
Conviene, no obstante, sostener la proporción. Una definición pública es una señal, no un resultado. Las candidaturas se ganan con votos internos, estructura territorial y método partidario, no con declaraciones, por relevante que sea quien las emita. Lo prudente es leer el momento como lo que es: un reordenamiento voluntario y anticipado del tablero interno, cuyo peso real se comprobará cuando el PRM fije reglas, calendario y mecanismo de selección.
El indicador a monitorear en los próximos meses no será la acumulación de respaldos individuales, sino si esta convergencia se traduce en coordinación administrativa verificable entre Turismo y Aduanas. Ahí, y no en la retórica, se sabrá si la alianza tiene contenido de gestión o se queda en el plano declarativo.
